Sobre los indignados

Cartel de convocatoria a la manifestación del 15 de Mayo de 2011

Cartel de convocatoria a la manifestación del 15 de Mayo de 2011

Aprovechando los dos largos e intensos años que han transcurrido desde el pasado y espectacular #15M en 2011, tan completo hasta casi el colapso en nuestra agenda por millones de convocatorias y manifestaciones tanto recurrentes como eventuales, de miles de coberturas de informativos, saco mis propias conclusiones de un modo muy muy generalista sobre mi sentimiento de representación por unos u otros políticos o ciudadanos con autoproclamado derecho de representación colectivo:

A no ser que nos dé por entrar en el Congreso cual Tejero pistolero a dar algún sustillo, que dicho sea de paso es la única forma rápida que se me ocurre desde fuera, no me sentiría para nada representado.

Así que así, sin más calenturas y para empezar llanamente entendiéndonos: estamos jodidos.

Para mí, quiero decir, en mi opinión, si alguien quiere decir algo de una forma seria, es necesaria la consolidación de una estrategia clara, consensuada y apoyada. Brillante. Algo a lo que otros puedan dar como yo mi apoyo sin el riesgo de que los neo-representantes salgan a porrazos porque hayan decidido sabotear haciendo ruido en la toma de posesión de cargos -nos guste o no- electos y votados por una inmensa mayoría de la población con derecho a voto, como pasó en las últimas elecciones. Otro tema muy distinto es la opinión que podamos tener sobre esa mayoría ciega, sorda y manipulada. O directamente zoquete. Quizá resulte que analizando nos demos cuenta de que tenemos la cultura del pelotazo, sumada a la del chismorreo, acabando por la extraña enfermedad endémica comúnmente denominada titulitis. [Aclaración: si algo bueno han demostrado los políticos es que pueden ser auténticos idiotas con o sin estudios superiores, así que ya tienen ustedes un motivo más para dejar sus brillantes estudios para ponerse a trabajar].

Desde luego, la solución a una democracia semi-falsa, semi-corrupta (teniendo a completamente), semi-rota (sin ánimo de faltar a los políticos que trabajan por el bien común, que también los hay) o cada cual que la adjetive al gusto, no se basa en el principio de anarkía y hoyga ¿quiere decir algo? tome el megáfono y grite. A mi parecer, craso error y motivo por el que no ha podido alzarse con una mayoría de votos, coincidentes casi totalmente con el sentimiento ciudadano mayoritario. Esa democracia falsa se acaba en el mismo momento en que alguien decida dejar de escuchar, donde se rompe la atención utópica hacia el acuerdo de las civilizaciones. Dejar de escuchar, de lo que también es usted libre, por cierto.

Dar voz (que no voto) a todos, no es simular una democracia, es simplemente un desastre dentro de la entropía universal, dentro del caos sistemático, dentro de una caja de zapatos deteriorada y llena de minúsculos muñecos rotos de goma. Con los que juega el perro del vecino, ni siquiera el nuestro.

En definitiva, si una cosa es cierta es que el honor y el recuerdo se basan en la suma y consecución de todas las acciones que llevamos a cabo a lo largo de un periodo determinado. En política, una legislatura o varias. Sin embargo, parece que se nos ha olvidado, pero lo fácil es ser temido, eso lo sabemos hacer todos o casi todos. Para todos, incluida la casta política (o incluso más por su exposición mediática y prejuicios de prensa) lo difícil es ser recordados como leales, implicados, honorables, respetuosos y elegantes. O una combinación de todas ellas.

Justo por todo lo contrario sumado a ese recuerdo negativo y desesperanza futura es lo que le provoca a una gran mayoría de votantes ponerse a pensar qué pena capital aplicaría a tal político. O no, vistos los resultados electorales.

¿Se siente atrapado por una sociedad mediocre?

Sobre WhatsApp y su desinstalación

En primer lugar, me gustaría pronunciar mi alegato dada la actitud de defensa que ha adquirido usted nada más leer el título de este post. Tranquilo, no le voy a insultar ni a considerarle imbécil por tener ese icono verde en la homescreen de su flamante terminal. Ni siquiera me consideraré mejor que usted, ni más listo.

Soy una persona de perfil ilustre, prominente, elegante, tez brillante, inteligente (en orden creciente por atributos ;) )… En serio, una persona conectada con su alrededor. Tester de pro de clientes de twitter para Android. O de cualquier otra app interesante o novedad asequible que caiga en mis manos. También ordenado y con necesidad de comunicación. Mucho, hasta acabar apasionando o aburriendo a mi interlocutor. Pero por el canal adecuado, en el momento adecuado. Al menos, el momento lógico.

También existen otros canales, aplicaciones, redes, servicios, plataformas… Los hay a miles y apuesto a que me puedes encontrar sin mucha dificultad en buena parte de ellos, de la misma forma que en WhatsApp.

Tampoco uso LINE. Es una app que se aprecia por dos factores fundamentales y de ahí su propagación tan rápida: es gratis y tiene una cosa llamada Stickers. Después del día de rebelión en que TU PROPIO MÓVIL!! te dice que tienes que pagar (caso típico), te das cuenta de que WhatsApp intenta cobrarte una cantidad tan irrisoria como ridícula por suscripciones prolongadísimas en el tiempo y que los famosos Stickers son tan tontos como los dibujos que pintabas en parvulario, vuelves a la aplicación de partida a hacer lo propio. También para que no te consideren un rácano tus amigos. (Y ¡ojo con LINE en iOS! parece que no será tan sostenible, su modelo roto a placer de su canal de distribución, ¡no descarten cambios de modelo!). Mención honorífica, haciendo patria, a SpotBros y demás desconocidos por la masa.

Pero, ¿por qué no usar WhatsApp?

Es sencillo. Y no, LINE tampoco. Es únicamente un problema de consideración de los usuarios, que tan siquiera es sobre la aplicación, sino sobre los demás usuarios que forman su red.

El registro de última conexión (o lo que antes era la confirmación de lectura/entrega en un e-mail) parece haber dado la potestad por mayoría absoluta y aplastante al resto de personas a opinar, juzgar o incluso reclamar una respuesta a su petición. Sea en un horario adecuado o no.

El fenómeno grupos, lo dejamos para el café, que también tiene desarrollo.

Resumiendo, en mi opinión WhatsApp es una de las mejores, más rápida, sencilla y cómoda como método de comunicación. Precisamente de ahí su difusión (y ejemplo a seguir por todos, incluídos teleoperadores), y pese a que a muchos les fastidie, su éxito. De no ser así, no tendría la amplitud de usuarios que tiene en cantidad y calidad. Es una aplicación universal, abierta, útil prácticamente para cualquier entorno. Tan amplia como la propia comunicación directa. Sin duda, una revolución.

Aquellos expertos en GTD sabrían explicarlo mucho mejor que yo. El problema que me crea -siempre hablando en primera persona y quizá no compartido- es su uso. El problema es no poder desconectarla. El problema es que nadie te haría una llamada a las once de la noche para preguntarte por un pedido, pero sí que te manda un WhatsApp esperando que lo dejes todo para responderle. O para anular una reunión. O para lo urgente más tonto que pueda usted imaginarse. El problema es que esa es una mayoría constante en mi caso, y de ahí mi decisión de desinstalarla. Temporal o definitivamente, nunca lo sabremos.

Es una cuestión de karma. De descanso. De paz interior. De organización. De filtrar lo importante. De no perder el tiempo en lo banal contínuamente. De ser libre. Y por qué no, una inversión en felicidad.

A cambio pierdo alguna relación, quizá hasta alguna amistad (¡puede que hasta merezca la pena!). A veces, en conversaciones, obtengo una perplejidad enorme sobre cómo sobrevivo en un mundo tan moderno, sobre todo dedicándome profesionalmente al negocio online, tanto en apps móviles, comercio electrónico o la propia distribución de productos tangibles. Pero cuando tu agenda acumula muchos cientos de contactos, la automatización y el acceso sin restricciones es una mala estrategia y WhatsApp no nos deja elegir otra.

Créame la comunicación es necesaria, pero cualquier canal es prescindible.

Y tú, ¿qué cambiarías de WhatsApp?

Sobre la sonrisa

"La sonrisa"Charles ChaplinEn algún momento estudié que los científicos usan el mundo como laboratorio de sus experimentos y por aspiraciones, aunque me haya quedado en el mundo de los e-business (así queda mejor, entiéndanme), yo tampoco dejo de crearlos. Sin ir mucho más lejos: con mi peluquero, tradicional. El de toda la vida.

El experimento consistía -y consiste- en encontrar la forma en que su experiencia como proveedor de servicios cambie mientras el cliente sea yo. ¡No crean que no supone un esfuerzo! Además, luchaba contra un prejuicio, que pese a no ser necesariamente negativo sí lo era en extensión, precisamente por haberme visto crecer desde lo más pequeño que puede ser un humano. Una vez acabado el periodo vacacional en el útero materno, se entiende.

Poco a poco y teniendo en cuenta de que las visitas a este señor son cada mes o mes y medio, era un experimento tan simple como largo: hacer un seguimiento era primordial pero pensar en la siguiente visita para ver lo que funcionaba, totalmente necesario. Por supuesto, es importante mencionar que el sujeto del experimento en cuestión debía ser un hombre o una mujer de actitud positiva y feliz de forma predeterminada. De lo contrario, habría sido tremendamente fácil. Precisamente por la sencillez del experimento, las conclusiones también lo son, tal que:

  1. En las primeras ocasiones, nunca me despedía como me recibió. Su cerebro se resistía al inicio, pero cambiaba a lo largo de la visita y lo reconocía inconscientemente.
  2. En la actualidad, me recibe y despide de su negocio con el mismo nivel de énfasis (teniendo en cuenta que ambos somos un par de humanos dentro de la media tanto en salud mental, actitud, economía o inteligencia -o si acaso destacando por encima de la media, en lo que sea-).
  3. Durante el experimento, los días que conseguía sacar una sonrisa continuada y crear un mini-éxtasis momentáneo de felicidad (no os lo vais a creer): ¡me cobraba menos!
  4. Y lo más sorprendente: ¡yo mismo estaba predispuesto a pagarle más!

Sin hacer mucho estudio así, en frío, cualquier humano que te tome en serio cuando le preguntes qué aprecia más de su pareja, de su mejor amigo -o de su círculo de personas más recóndito e incondicional, sea cual sea su relación- te responderá que es la capacidad de hacerles sonreír. Disfrutar. Ser feliz en un estado de tranquilidad, en definitiva.

Y la forma de comunicar esa tranquilidad, es una sonrisa, haya pasado o no por el mejor estomatólogo, dentista, ortodentista o cirujano protésico buco-dental. Será más o menos abierta. Más o menos tímida. Más o menos escandalosa o acomplejada. Pero nunca dejará de ser un signo exterior de control interior.

Es el bien más preciado de una mujer. Constituye claramente un escaparate de su salud emocional (excluyendo sonrisas cínicas o nerviosas), un termómetro de su estado de ánimo y sin ninguna duda, su mayor arma de seducción (bueno, no siempre).

La sonrisa de los demás nos demuestra -cuando aparece- la capacidad de guardarse los problemas y enseña la mejor de las propuestas al resto de los humanos que le rodean, sean conocidos o no, aunque no los vuelva a ver jamás. Una decisión muy valiente y acertada, por el respeto que eso supone hacia la sociedad, salvo en lo íntimo, cuyas reglas cambian totalmente.

Señores, esto tan simple es aquello que muchos especialistas llaman marketing emocional, que no es más que crear experiencias únicas para sacarle los cuartos sin que le duela tanto. Pero en realidad el problema no es ese. No es que alguien -persona o marca- intente sacarle una sonrisa, sino que consideramos socialmente que conseguir esa sonrisa en una persona es precisamente un logro por el que nadie discute es merecida una recompensa, de tipo económica o no.

No diré que se aprovechan de nuestra infelicidad sistémica o de nuestra dificultad por mostrar nuestra parte más externa de nuestra dentadura, pero sí que le retaré a que se lo pongamos más complicado empezando de partida, en un estado más cercano a su objetivo: su sonrisa.

¿En qué momento se nos olvidó que nuestra sonrisa está escondida en nuestra cara? ¡Oigan, eso que le sacan es suyo! ¡Úselo usted!
Pese a lo corto de mi experiencia en el mundo me permitiré el arrogante acto de recomendarle: Nunca espere que le sorprendan: use su sonrisa en su beneficio (y en el de todos). Es algo relativamente fácil, y si no miren cómo lo consideró uno de esos humanos -cercanos aún en la distancia- que no paran de crecer día a día en su carrera vital cambiando pequeños detalles para conseguir un cambio de actitud global.

Quizá interferir positivamente en la vida de los demás sea algo costoso y no siempre posible, pero para hacerlo con la nuestra sólo tenemos que escuchar a la persona que mejor entendemos: nosotros mismos. #positivethinking

Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.
William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.

ACTUALIZACIÓN MAYO 2013: La semana pasada, volví a visitar a mi peluquero y hablando sobre el cambio que ha supuesto la tecnología con respecto a algunas formas de comunicación entre las personas y… ¡no os lo váis a creer! ¡¡¡NO USA WHATSAPP!!! ¡¡¡Y es más feliz que antes!!! Extraña coincidencia con mi mismo experimento que acabó con el mismo final hace un par de semanas… Y por supuesto, para este detalle también tengo otra cita:

Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él.
Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.   

Sobre los estados críticos y las crisis económicas.

Muchas son las noticias que aparecen justo cuando tecleamos esa palabra neutra -a mi modo de parecer- tan desgastada en Google.

Que por cierto, aún no he conseguido averiguar la causa por la que suele hacer acompañar por “San”. Bendito el día en que empecemos a denominar a las empresas por San Repsol, Santa Coca-Cola, San Mercadona o San Apple. Y digo bendito porque ése mismo día yo también seré San Eduardo y harán figuritas a las que podrán a rezar los más católicos.

Mala forma de empezar un post, con dos imprecisiones tan salvajes. Y banales.

Pero en líneas generales, no me interesa tanto el tema de las figurillas, como sí lo hace la estupidez de parte del tejido empresarial del territorio del que formo parte. También es cierto, que no es Google la tecnología que nos proporciona la verdad absoluta en ninguno de los casos, pero es en éstos temas de crisis, la palabra del Registro Mercantil tenga cierta prioridad. Y puestos a hacer estudios, yo también hago los míos dotados de tanta credibilidad como la vida misma.

Mi pregunta es la siguiente: por qué, si necesito 5 presupuestos de alguna cuestión concreta, debo contar con el envío de un 400% (sobre respuestas) de solicitudes a empresas que yo mismo he buscado, seleccionado y contactado. Y desde aquí mi crítica. Admito que un par de ellas entiendan mi petición como peccata minuta y hoygan, no están dispuestos a rebajarse a ésos niveles tan ínfimos -quizá- de ganancia. A la par, también entiendo lo contrario, que la propuesta sobrepase las posibilidades de llevarla a cabo a alguna de ellas y prefieran no machacar la lealtad a su ética y principios, cual popularmente dicho conocido “manolete, si no sabes, pa’ qué te metes”.

Hagamos un ejercicio matemático. De esas 20 empresas, salvo 5 que presentan rápidamente sus propuestas, 2 que sólo responden a las peticiones del Todopoderoso y una -quizá dos- que tienen miedo al atrevimiento o pueden verse colapsadas y vamos a ponerle una pega a otra, diciendo que el método de contacto estaba equivocado… aspecto imperdonable, pero posible. De cualquier modo me sobran, en condiciones normales, 11 de esas empresas súper especializadas y excelentes en sus tareas.

Sobran. Dicho pronto y mal, pero actúan y son fantasmas. Y oiga, lo peor no es que lo diga yo, eso tendría fácil solución cambiando mi opinión, pero no la de muchos otros clientes que, por inanición cesarán en la posibilidad de trabajo con éstas empresas. Y lo confirmo tras contactar por activa y por pasiva con dichas empresas fantasma, que me hacen más un favor que un cliente, enviándome su propuesta tarde y mal.

Finalmente, me compadezco de aquellos empleados -sobre todo-, gerentes e inversores que dedican su tiempo pasado y presente en trabajar en ¿organizaciones? que no contestan a las peticiones de posibles clientes.

Mañana, le echaremos la culpa a la crisis por las caídas de ayer, pero nunca saldremos de ella para poder camuflar nuestros fracasos porque nunca tuvimos ganas de hacer las cosas bien.

Sólo cuando baje la marea sabremos quién estaba nadando desnudo.
Warren Buffet (1930) Inversor, empresario y filántropo estadounidense.

Sobre el retorno

Bien he de comenzar diciendo que el retorno, tanto en mi ámbito profesional o de ocio, puede significar muchas cosas. Entre ellas, aquello llamado ROI -una cosa casi mística- en el asunto del social media márketing, el retorno del una inversión -un aspecto que podría preocuparle a un business angel-… Dicho palabro (EL retorno), también forma parte de un complejísimo sistema -y problema- logístico en el ámbito de los sistemas de recogida selectiva de residuos urbanos; en e-Commerce, el proceso de devolución de un producto; o incluso en un resorte, la vuelta a su estado elástico original.

Pero no, hoy no va de eso. El retorno por el que me ocupo escribiendo es aquel que tiene un cariz kármico. Ese por el que las personas que actúan -o creen que actúan- bien, esperan a cambio en un futuro próximo o lejano, indistintamente, pero que confían recibir de vuelta la ayuda prestada.

Por contra, el retorno es el gran olvidado para aquellos que no actúan por igual y detectan antes una situación de provecho propio que un escenario en el que prestar ayuda o consejo. Es evidente que no querrían lo mismo para ellos. Y eso les delata.

Sin embargo, yo creo firmemente y espero que cada cual obtenga su retorno merecido y paguen el daño causado (a veces económico, a veces temporal y otras moral) derivado de la indefensión. Es sencillo provocar esto dejando trabajar a la lógica, disciplina matemática que fulmina haciendo caer argumentos incoherentes que en ocasiones se desvelan contextos que alcanzan incluso el grado más alto de inmoralidad personal.

Pero aún así, quiero creer inconscientemente, suceden. Como habrás vivido alguna vez, es indignante pensar que se juega de este modo con alguien cercano o incluso con tus propios intereses. Pero no te alarmes, estamos inmersos en la cultura del pelotazo. Es una regla establecida que sólo aprovechan los sabios.

Por tanto, como enseñanza popular, daría un consejo universal: no intentes aprovecharte de quien crees que no tiene recursos para llevar a cabo un sueño, bien puede dar un pequeño giro inesperado y brindarte la oportunidad de tu vida o simplemente la de destrozarte desde las alturas.

Hablo siempre de ese retorno mágico que tiene la capacidad de darle una patada al hocico, probablemente multiplicando a modo de boomerang el cinetismo inicial. Ese potencial natural que quizá no sea más que la memoria personal, pero que retorna la energía recibida (y su signo) contra el propio emisor. Quizá esa devolución impositiva le haga sumar forzosamente un ítem más en su lista de arrepentimientos, en el subapartado de quise hacer y no me dejaron.

Y qué grato es poder evitarlo, no puede usted ni imaginarse la satisfacción que produce, por una buena temporada. Desde luego, y como beneficio, me otorgaré el derecho de recordar como anécdota que saborearé junto al resto del equipo desde la altura.

Nunca tendrás una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.
Anónimo.

Sobre la corresponsabilidad

Querido piloto de Iberia:

En primer lugar -como no podría ser de otra manera-, reconozco y aplaudo su derecho a huelga. Sin embargo, visto que se han convocado 24 días de huelga en 3 meses consecutivos, debo apelar ahora a su responsabilidad. Como sabrá, la gallina de los huevos de oro (o bronce) de España es el turismo. Algún ser inteligente sin cerebro ya pensó en su día que esa era una apuesta adecuada, lamentablemente. Como sabrá, los períodos en que se incrementa el turismo son los vacacionales y a la vez en los que usted, como jefecillo del trasto con capacidad de transportar humanos, tiene más poder. Por esto, le quiero hacer unas aclaraciones, para que no se le olviden nunca:

1. El hecho de que un turista quiera coger su avión, o uno de su compañía, NO es porque su avión es muy cómodo, muy rápido o huele muy bien. Le aseguro que tampoco lo será por el número de aceitunas que pone en el platito. Resulta que es porque le gusta o espera que le guste el destino o la experiencia que le hagamos pasar, que en inicio se parece al disfrute de su tiempo de descanso. Esto se consigue gracias al ineficaz y malogrado presupuesto de la parte pública y privada en atraer a turistas, pero a veces sorprendentemente, funciona.

2. Usted no es más que una parte de la cadena. Elija si desea aportar valor o no.

3. Tenga claro que cuando el turista -o yo- pueda eliminarle de esa cadena -mediante otro medio de transporte o su competencia- lo haré sin contemplaciones. La elección también es un derecho intrínseco a cualquier persona, también sus clientes.

4. Insisto, pese a la defensa de sus derechos. Ahora mismo está usted ayudando a crear una imagen de España de mierda. Si ya no sabemos donde apuntar gracias a la ineptitud de gran parte de la clase política alta, sólo falta que usted ayude a la decisión externa de donde NO ir.

5. Cuando algún familiar, amigo, vecino o similar quede en el paro por el corte del flujo turístico, espero que sepa que seremos los locales los que -gracias, en parte, a su gran ayuda- habremos disminuido nuestro poder adquisitivo y no podremos costear nuestras vacaciones y viajes. A la vez, le recuerdo que es usted parte de la cadena interesada en que esto se produzca.

6. El hecho de que su compañía desee hacerle la competencia a su propia competencia con nuevas líneas de negocio no es más que una decisión estratégica para invalidar la indefensión en la que ahora se encuentra su compañía. La misma por la que usted está contratado. Vele también por los intereses de su empleador, le interesa.

7. Tenga en cuenta que vivimos en un mundo redondo y global. Aproveche su status, disfrútelo. Acepte cambios. Negócielos. Si se bloquea, bloqueará toda la cadena, se romperá por su eslabón y su empleador se verá forzado -más aún- a emplearle con criterios más severos de rentabilidad.

8. Guarde sus derechos, siempre, pero nunca compatibilice esa salvaguarda con el desarrollo de la metástasis que usted mismo está provocando. O en su defecto le recomiendo que lea “Crónica de una muerte anunciada”. Con el título puede bastarle para ahorrarse un buen dineral en brujos y adivinas para saber como le irá.

Espero que replantee su posición y tenga en cuenta que, por corresponsabilidad, no es el único afectado por sus decisiones. Sepa que jamás serán triviales, ni siquiera para usted mismo.

A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa.
Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) Escritor y filósofo francés.

Sobre los consejos

Estaba el otro día a punto de irme a la cama a descansar tras un día de trabajo larguísimo y agotador a la par que divertido, cuando de repente advierto que -sin saber como-, mi suscripción de la revista Emprendedores me había adelantado en mi propia cama.

Como no podría ser de otra manera, me dispuse a echarle una ojeada ya con los ojos entreabiertos…

Lo curioso y que más me llamó la atención fue la editorial de Alejandro Vesga que decía “Consejos que no escuchas y luego das a los demás“. Y la verdad es que le agradezco que me invitara a tal reflexión leyendo únicamente el título de aquella columna. A la vez, y como siempre acostumbro a hacer, le di una vuelta más a la rosca tratando de no pasarla.

Así que, cuidado ¿quién debe aconsejarnos? que expresado de otro modo también podría ser ¿a quién debemos dejarle aconsejarnos?

Nótese también esa crítica carismática en este texto, pese a que trato siempre de dar consejo únicamente a quien me lo pide y sobre lo que estoy seguro de que controlo y puedo aportar, es inevitable pensar que somos humanos y nunca seremos capaces de evitar verter parte de opinión, creencia de sucesos futuros o repercusiones. Ustedes mismos ya estarán pensando qué bien o qué mal está redactado este texto, el resto del blog o simplemente que no soy válido para aconsejar y a la vez adivino a que también lo hacen con mi futuro, consciente o inconscientemente. A eso me refería.

En cuanto a autocrítica necesaria me refería a aquello de “usted no será siempre el más indicado para aconsejar” siempre que no conozca sus limitaciones y sepa eliminar los condicionantes de su entorno sobre su opinión para poder aplicarlos de forma aséptica en otro, sin ni siquiera tratar de leer la bola de cristal para predecir repercusiones. Ya no por la libertad y el crecimiento de su ego, sino por el daño potencial causado, pues no sería posible cuantificar cuánto tiempo hemos hecho perder -o perdido nosotros mismos- al no seguir nuestros propios consejos o en el aconsejado fácil y crédulo, creyente y devoto de nuestra experiencia como referencia en su vida. O por si no lo entiende, “cállese de vez en cuando, que el mundo se lo agradecerá en un futuro no muy lejano” al evitar desánimos provocados por versiones tóxicas de nuestras ideas y futuro.

Quizá también muy útil considerar las intenciones ocultas tras algunos consejos a priori visiblemente categorizados como altruistas o inocentes -junto con aquella manía humana de etiquetarlo todo-. Pese a que no es un gusto, “piensa mal y acertarás“, aunque que mi humilde consejo (no me gustaría ser pretencioso aconsejándole en este momento), es que crea en las personas que les rodean, o por contra y directamente desestime otorgar ni un microsegundo de respuesta a aquél que haya demostrado su engaño o traición a su karma.

También es cierto que debería acordarse de los rostros que se agacharon para ayudarle cuando estaba en el suelo, al menos para devolver un agradecimiento acorde a la ayuda prestada o el consejo dado.

En cualquier caso, difícilmente conseguiremos integridad en los consejos que recibimos si no nos auto-analizamos más a menudo y conocemos a aquél del que lo recibimos lejos del estrés diario… en cuyo caso debiéramos aplicar la máxima “vísteme despacio, que tengo prisa” tan necesaria y saludable en su aplicación y tan escasa en la práctica cotidiana.

Escuchad el consejo del que mucho sabe; pero sobre todo escuchad el consejo de quien mucho os ama.
Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano. 

Sobre la asertividad

Supongo que de entrada el perfil de lector que clica en el link del post con semejante título y comienza a leerlo se puede sentir identificado como curioso, para ver aquello de cómo éste tio es tan bueno o malo hablando de aquello o asertivo por naturaleza. Por lo que sólo podemos evitar al ‘pasota’ que coincidió en tiempo y lugar con un link de los repartidos por la red de redes y ‘pasó’ de leer semejante gilipollez. Sin ánimo de ser crítico faltón, entiendo que siempre hay mucho que aprender en todo, a la vez que no podemos ser especialistas universales y existen temas que en un momento determinado carecen totalmente de interés para nosotros.

Se me ocurrió escribirlo en un momento de sensatez, en aquellos en los que el reposo es oportuno para la interconexión neuronal y da paso a pequeñas ideas. Así que ya se sabe, a cabeza grande, ideas enormes aunque en ocasiones enormemente inútiles.

Descrito el momento pensé, luego fui presa del pánico al creer que, en algún momento, podría caer preso en una pronunciada espiral de asertividad.

No nos confundamos, el negativismo es casi siempre peyorativo salvo aquel que sólo busca realismo para mejorar su criterio en torno a una situación. Si ocurre más de lo necesario estaremos ante un experto de la catástrofe y la negación (del que convendrá separarnos durante algún tiempo hasta que tome algun comprimido de realidad certera).

De la misma forma, sucede con el positivo. El positivo en extremo dotado de grandes dosis de asertividad es peligrosísimo. La gente así que conocemos a nuestro alrededor son aquellos predestinados a darse la hostia más grande descrita en los libros de historia en lo personal, en lo profesional o en lo sensorial. Si no disponen de resiliencia suficiente, les hará saltar casillas hasta el otro extremo anterior del tablero sin siquiera tirar los dados de nuevo.

La asertividad es usada por el positivo para asegurar sus propios principios sin necesidad de que nadie más los apruebe. Son personas seguras en si mismas. Creen en ellos antes que los demás hasta el punto de ser reconocidos por su entorno como aquellos grandes ilusos de la vida que son presas de los que no se cansan de saturar a los demás con aquello de “te lo dije!”. Éstos segundos desmotivadores, en ocasiones merecen morir fulminados de un rayo divino por su simple insolencia.

Sin embargo, hasta lo beneficioso puede ser usado en nuestra contra. Raro es el gran negociador que no maneja su capacidad de ser asertivo en los momentos precisos para enmascarar una carencia propia. En éstos casos, el objetivo de tal uso es la muestra de seguridad ante el adversario, aunque el tema a tratar no sea inherente a los propios conversadores.

Pero el verdadero uso dañino de tal cualidad, es el desgaste de líneas del de enfrente. El bloqueo intencionado de la siguiente intervención. Podemos identificarlos, en mi opinión, de tres formas:

1. Cuando tienen mucha influencia sobre nuestra decisión final deberemos ser capaces de detectarlo. A cada ‘pero’ que imprimimos le responden en positivo para contrarrestarlo a continuación.
2. Cuando no tienen nada que aportar, saben que tenemos más razón con nuestro planteamiento o directamente no poseen información ni criterio sobre lo que opinar.
3. Bloqueo total a modo de pelea callejera cual preso agarrado del cuello. Es un habitual ‘tendrás razón, pero por ahí no paso’. Es una falta a la razón, a los principios e ideales propios, pero las manías no las quitan los médicos o quizá su única intención sea ser lesivos en beneficio de nadie, pero en perjuicio nuestro (y su disfrute egocéntrico).

El consejo de mi corta experiencia me dice en primer sentido esquivar y en segundo ignorar. Identificamos a ésta gente por el abuso de poder de su posición ó simplemente saben que pueden desmontar nuestra respuesta y lo hacen sin piedad.

De verdad, ¿en qué posición te gustaría estar? Respóndete de forma que jamás faltes a tu criterio. Sólo así serás feliz.

Sobre la infidelidad a los ideales propios 2/2

Bien es cierto que las segundas partes lo son porque deben referirse a las primeras. Si no, no serían segundas. Dejaré a la libertad del lector la conexión entre el primero y éste mismo.

Es éste texto, más que la infidelidad del que hablaba el primero, el tema es algo -a mi parecer- más complejo e importante, pues no afecta a la complicidad o la durabilidad de una pareja de individuos, sino que atenta directamente contra la integridad de la persona, de aquel que predica ideales contrarios a las acciones que públicamente se le reconocen.

Sólo al leer el segundo párrafo estoy seguro de que cada uno tiene ya una más o menos moderada lista puesto que tendemos a huir de éste tipo de personas que, sin ninguna duda y a nuestro parecer, viven actuando de ésta forma. Son aquellos que al mirarse al espejo ven a un mesías, pero que en sus decisiones diarias piensan y calibran de que forma tomarlas para que aunque sean contrarias a lo promulgado, no pueda un tercero ensalzar esa falta de autocontrol. Es el miedo a la crítica, al no reconocimiento público de lo deseado. Es el miedo al fracaso social, a que aquellos pocos por los que crees que puedes permitirte adoptar la figura de un líder mediático en alguna parcela vital, dejen de creer que eres.

Punset dice que un gran descubrimiento del ser humano y que muchas personas ignoran o desconocen es que hay vida antes de la muerte. Es muy interesamte dejar de temer a la muerte como líder en los cerebros de los demás, evitar esa responsabilidad del cargo simulado y vivir disfrutando lo que se desea sin esperar a que los demás den su aprobación para elevar infinitamente un ego inútil. Se corre el riesgo de convertirnos en un hipócrita social para el que sólo quedará la crítica, pues los creyentes desaparecen, pero aquellos que han percibido que las nubes propias están más bajas que las de los demás, probablemente no lo perdonarán por la soberbia mostrada y la altura desde la que se les hablaba.

No debe entenderse como una amenaza personal ni comenzar a sufrir un miedo desmesurado al rechazo, sino como una libertad propia en la amplitud de la mente. Hablamos de oportunidades de todo tipo. En cualquier caso oportunidades vitales y necesarias, que podrán resolverse aún si en algún momento se es rechazado en un determinado círculo social. Difícilmente alcanzable si, por contra, el sentimiento es odio. Es entonces cuando la fachada cual edificio catalogado como histórico se mantiene levemente por unos robustos andamios al no tener detrás una estructura moral que lo soporte.

Es necesario evitar ser catalogado como persona no conveniente. Ésto se consigue de un modo fácil siendo coherente con los ideales de los que se presume.